Siempre estoy tomando decisiones de mujer con el corazón de una niña que no sabe distinguir entre lo que desea y lo que necesita, la verdad es que el misterio nunca termina, este ciclo de dudas y alegrías se extinguirá hasta el día de mi muerte. Así que mejor lo olvido, ocupo mi cabeza en trabajar en algo que me vuelva más efectiva para lo que quiero dejarle al mundo, y no me dejo pensar mucho.
Pensar a estas alturas me mata. Pensar es la peor de mis drogas.
Es verdad que puedes vivir en tu cabeza, que ahí encuentras motivos para amar a la sociedad y también para odiarla hasta perder contacto con ella y terminar tirando la llave para salir de tu caja de soledad, por el escusado.
Pero yo no quiero eso.
Yo no quiero tener más ideas sobre lo qué es el mundo.
Quiero conocerlo, quiero vivirlo.

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